jueves, 1 de diciembre de 2022

Paneles las estaciones Alphonse Mucha, litografías en color (1896)

Paneles las estaciones Alphonse Mucha, litografías en color (1896)

Primavera

Verano

Otoño

Invierno

Desde la Antigüedad tardía hasta nuestros días, el tema de las estaciones del año ha inspirado a artistas de todas partes del mundo y en todos los ámbitos creativos. En Europa, con el movimiento humanista (siglos XIV y XV) las estaciones empiezan a ser representadas como alegoría asociada a la celebración de la naturaleza humana y el redescubrimiento de los maestros clásicos griegos y latinos. El poeta italiano Francesco Petrarca (1304-1374), por ejemplo, exalta en el Canzoniere  los efectos benéficos del despertar de la primavera en relación al despertar del amor. Esta idea de renacimiento queda perfectamente plasmada en una de las obras maestras de la pintura del Quattrocento, la Primavera de Sandro Botticelli (1445-1510).

En épocas posteriores, el mismo tema seguirá sugestionando a grandes creadores como Giuseppe Arcimboldo (Las Estaciones, serie de cuatro cuadros, 1563-1573) o el músico Antonio Vivaldi (Las cuatro estaciones, conciertos para violín y orquesta, 1725) entre otros. A finales del siglo XIX, Alphonse Maria Mucha (1860-1939), gran protagonista del Art Nouveau, realizará la serie de cuatro paneles decorativos Las estaciones, posiblemente la representación más icónica y fascinante del ciclo natural del año.

Esta serie de litografías a color (103 x 54 cm cada una) fue uno de los mayores éxitos artísticos y comerciales del artista. En ellas Mucha expresa de manera sublime su personal estilo creativo, que mucho influirá en las generaciones posteriores de artistas y creativos publicitarios. El que la crítica llegará a llamar “estilo Mucha” está caracterizado por la presencia de motivos claramente reconocibles, como elegantes líneas curvas, flores y otros elementos vegetales, esbeltas figuras femeninas idealizadas, de pelo largo y ondulado, un peculiar formato vertical alargado, composiciones completamente originales, colores pastel, atmósferas enigmáticas y un cierto halo místico, que remiten a la tradición iconográfica bizantina y al folclore eslavo.

Los paneles de Las estaciones fueron realizados por Mucha en 1896. El artista checo vivía en París y, tras entrar a formar parte del Salon des Cent, un grupo de artistas apoyado por la revista La Plume, había firmado un contrato de colaboración exclusiva con el impresor francés F. Champenois. El contrato le garantizó un salario mensual y durante ese año pudo dedicarse a la creación de carteles publicitarios, pero también a la realización de panneaux decoratifs (como los de Las estaciones) que introdujeron una auténtica revolución en el mundo del arte.

Los paneles decorativos de Mucha eran carteles como los creados para los anuncios publicitarios, pero sin texto, ya que estaban realizados con fines exclusivamente estéticos. Esta nueva forma de arte respondía a un fuerte compromiso personal y artístico de Mucha con la divulgación de la belleza. A través de estas obras, que podían ser adquiridas para el puro deleite, a precios más económicos y asequibles respecto a las obras de arte tradicionalmente destinadas a unos pocos clientes facultosos de las clases sociales más elevadas, Mucha pretendía “democratizar” los valores artísticos, para que penetraran en la sociedad.

A este propósito (en el catálogo de la gran exposición que se dedico al artista en Madrid) John Mucha, nieto de Alphonse y presidente de la Fundación Mucha, escribe: «Mucha creía en el valor universal del arte y consideraba que el artista debía inspirar a la gente y contribuir, a través de su obra, al progreso de la sociedad». En palabras del propio artista: «Prefiero ser alguien que cree imágenes para la gente, en lugar de un creador de arte por amor al arte».

El Museo Vivanco conserva en su colección un ejemplar del panel de esta serie dedicado al otoño. La obra estuvo expuesta el año pasado en la muestra temporal Vivanco, pensando en Vino: 40 años de Coleccionismo.

Estación tradicionalmente asociada, en el imaginario popular, a la vendimia, a la caída de las hojas y a los paisajes de colores cálidos (especialmente el amarillo, el naranja y el rojo) el otoño suele simbolizar una etapa de transición y decadencia incipiente, en la que el calor veraniego se va apagando y, con los primeros fríos, se va acercando la estación del invierno, que cierra el ciclo del año. Sin embargo, el otoño es también un periodo en el que la nueva vida comienza de nuevo. Es época de siembra y por lo tanto de preparación para el renacimiento futuro. También es época de producción del vino, alimento ancestral desde siempre cargado de innumerables significados simbólicos ligados a la vitalidad, al placer, a la sensualidad y a la belleza.

Con su elegancia neoclásica, sus formas delicadas y su extremo refinamiento, El Otoño de Mucha consigue condensar decenas de siglos de sabiduría popular y valores culturales asociados a esta estación. Como si fuera una especie de oda pictórica, expresada a través del lenguaje universal de la belleza.

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