Bodegon de dalias y
fruta
Samuel John Peploe, c. 1910-1912
óleo sobre lienzo
Fovismo
(1900-1920)
El
fovismo fue el primer gran movimiento de arte vanguardista de la Europa del
siglo xx. Se caracterizó por pinturas que no intentaban recrear la realidad,
sino que hacían uso de colores intensos y vívidos, de pinceladas libres, líneas
quebradas y composiciones deslavazadas. Fue un movimiento efímero y jamás se
organizó formalmente, pero ejerció una gran influencia en el arte y diseño de
todo el siglo xx.
El fovismo surgió en
París a comienzos del siglo xx. Fue un estilo expresivo surgido cuando los
grandes avances tecnológicos, como el automóvil, la radio o la disponibilidad
general de la electricidad, transformaban la sociedad rápidamente. En muchos
aspectos, derivaba de la obra de Van Gogh, Cézanne y Gauguin. Como los posimpresionistas,
los fovistas rechazaban la objetividad y las pinceladas delicadas del
impresionismo y creaban un arte más emotivo y expresivo.
Fieras
salvajes
Pese a que algunos
artistas dieron continuidad al estilo y el planteamiento del fovismo durante un
decenio, en tanto que movimiento éste sólo duró tres años y los artistas que englobó
sólo realizaron tres exposiciones juntos. Se los conocía como los «fauves» y
eran: Henri Matisse (1869-1954), André Derain (1880-1954), Maurice de Vlaminck
(1876-1958), Georges Braque (1882-1963), Georges Rouault (1871-1958), Albert
Marquet (1875-1947) y Raoul Dufy (1877-1953). Se les asignó dicho nombre en
1905 cuando todos ellos expusieron en el relativamente reciente Salon d’Automne,
en París. Como había ocurrido con los impresionistas, el nombre se lo puso un
crítico que visitó la exposición en tono burlesco. En la galería donde se
celebró la muestra había una escultura de estilo renacentista. Louis Vauxcelles
(1887-1945) la señaló y exclamó: «Donatello au milieu des fauves!» («¡Donatello
entre fieras salvajes!»). Vauxcelles desdeñaba las pinceladas vigorosas de los artistas,
la ausencia de tono y el uso extravagante y poco naturalista del color
tildándolos de ridículos, irreflexivos y carentes de habilidades.
Color
Entre 1901 y 1906
se celebraron varias exposiciones retrospectivas en París donde se expuso la
obra, entre otros, de Gauguin, Van Gogh y Cézanne. Fue la primera vez que se
mostraban tantas pinturas de Gauguin y Cézanne al público. Enardecidos por las
ideas radicales que contemplaban, muchos artistas se inspiraron a experimentar por
ellos mismos. A partir de 1897, Matisse estudió arte con un pintor
impresionista, John Peter Russell (1858-1930). Russell le explicó la teoría del
color y Matisse empezó a trabajar con una paleta luminosa. Russell también
había sido amigo íntimo de Van Gogh y regaló a Matisse un dibujo del holandés.
Después de aquello, el uso de colores vibrantes y de pinceladas expresivas pasó
a ser característico de las obras de Matisse, quien dejó de intentar imitar la
naturaleza. Asimismo, estudió los colores de las alfombras orientales y los
paisajes del norte de África.
Rechazo
de la tradición
Los fovistas distorsionaban
las formas y elegían sus colores y pinceladas por sus cualidades emotivas.
Rechazaban la tradición de pintar ilusiones de perspectiva, profundidad, tono y
textura, y en su lugar realzaban la llaneza de los lienzos. El color no se
usaba con fines descriptivos, sino para transmitir sensaciones o impresiones,
como la alegría o la calidez de la luz del sol. Su obra parecía chillona, sus
métodos forzados o descuidados y sus temáticas eran desnudos tradicionales, paisajes
y bodegones. El color era lo primordial. De manera que, con sus colores
llamativos y su aplicación enérgica de la pintura, el fovismo representó un
desarrollo natural del posimpresionismo, pero también una reacción contra el
neoimpresionismo, el cual, en opinión de los fovistas, lo trataba todo de
manera uniforme y con una espontaneidad restringida. Matisse declaró: «El
fovismo me desembarazó de la tiranía del divisionismo».
Ridículo
y escarnio
Durante su
evolución, el fovismo fue objeto de un escarnio y ridículo sin parangón. Con
sus colores llamativos, su costumbre de estrujar los tubos de pintura
directamente sobre los lienzos y evitar pintar de manera realista, los
espectadores contemporáneos no entendían qué pretendían los artistas y por qué
distorsionaban la realidad con tal violencia. Se los acusaba de no saber pintar
bien y, por ende, de no ser artistas «de verdad», sino meramente un grupo de
personas sin talento que querían pasar por artistas. Sin embargo, entre los
jóvenes pintores vanguardistas el estilo gozó de popularidad y otros de ellos
expusieron con los «fauves» en las dos muestras que siguieron al Salon d’Automne
de 1905, incluidos Kees van Dongen (1877-1968) y Othon Friesz (1879-1949). Los
artistas conocidos como los «fauves» desarrollaron modos similares de plasmar
temas, explorando el color y aplicando pintura, si bien no acataron ninguna
doctrina cohesionadora.
Gran parte de la
obra se asemejaba a los elementos naíf del arte anterior. Probablemente se
inspirara en una exposición celebrada en 1904 en París y titulada «Los
franceses primitivos», la cual incluía arte anterior al Renacimiento. Muchos de
los artistas más jóvenes quedaron asombrados por la frescura y aparente
sinceridad de la obra. Otro interés que influyó claramente en su estilo
simplista fue la escultura africana, que tanto Vlaminck como Derain y Matisse
coleccionaban.
Los «fauves»
disfrutaron de un mayor éxito entre 1905 y 1907. Después de entonces empezaron
a distanciarse y tomaron caminos distintos. Matisse continuó explorando las
posibilidades del fovismo varios años más, mientras que el resto de los
artistas se enfrascaron en ideas nuevas.
Samuel John Peploe
Bodegon de dalias y
fruta
Samuel John Peploe, c. 1910-1912, óleo sobre lienzo
Inspirada por
Matisse, esta pintura de estilo naíf presenta un aspecto infantil y de aficionado,
con sus colores estridentes y sus pinceladas simples. El resultado es una imagen
alegre y animada que no intenta emular la realidad. Peploe se clasificó como
colorista escocés, no fovista, pero su planteamiento era similar al de los «fauves»
y, como ellos, el color era el aspecto más importante de su obra. Las teorías
del color fueron tan esenciales para él como para los «fauves»; la mayoría de
ellos yuxtaponía colores contrastantes para realzarlos, aplicaba colores
discordantes ex profeso y
utilizaba patrones para enfatizar las distintas tonalidades.
Matisse y Moreau
En 1892, Matisse se
matriculó en la École des Beaux-Arts de París, donde fue alumno del pintor simbolista
Gustave Moreau, también maestro de Marquet y Rouault. Moureau alentó a sus discípulos
a descubrir sus propias preferencias artísticas en lugar de seguir la
tradición. La abertura de mente, originalidad y creencia en el poder expresivo
del color de
Moreau eran rasgos
innovadores e inusitados a la sazón. A Matisse le recomendó: «Piensa en el
color. Aprende a imaginarlo».
Yo no pinto literalmente una mesa,
sino la emoción que me transmite.
Henri
Matisse
No hacen falta años de preparación para que el joven
artista toque el color, pues el color no debe usarse descriptivamente, sino
como medio de expresión personal.
Henri
Matisse
La
idea en síntesis:
Usar
colores vivos para expresar emociones