martes, 27 de septiembre de 2022

La pereza

 

La pereza

Artista: Ramón Casas

España, 1900

De Ramon Casas, artista barcelonés, se dice que se acomodó en la producción. La modernidad en su pintura fue muy aclamada en un inicio, renovadora de un panorama pictórico español que había quedado atascado detrás de la innovación europea de ritmo frenético. Pero a medida que pasaron los años, Casas dejó de experimentar, y con ello su obra quedó como parte del pasado.

El artista catalán demostró una especie de conformismo, una cierta desgana que a veces parece ser retratada en sus famosas escenas de mujeres recostadas. La pereza es una de esas imágenes de jóvenes burguesas que se convirtieron en la marca del pintor.

Observamos una chica de clase acomodada descansando sobre su cama, ligeramente incorporada con la cabeza apoyada en los brazos cruzados, contemplando un punto fijo con poco interés. Su expresión no es de tristeza, ni siquiera de encontrarse reflexionando: aparenta dejar vagar su mente en su absoluta ausencia de emoción. La horizontalidad del cuadro y los tonos apagados, junto con la pincelada distraída, contribuyen a esa sensación de letargo.

Todos nos hemos revolcado más de una tarde de domingo en la desgana de la joven del cuadro: es para nosotros un estado de ánimo mundano, de ninguna manera especial. Sin embargo, el aburrimiento democratizado en los años finales del siglo XIX era una completa revolución. En las familias burguesas había crecido una generación de jóvenes que, por primera vez fuera de la realeza, gozaban con el privilegio de la desmotivación, la libertad y la indecorosidad. Aunque hoy día la mandra (pereza) nos parezca indeseable, intrínseca de la rutina, poder experimentarla es en realidad un privilegio y supone la posesión de nuestro propio tiempo. Es ese totalmente nuevo acceso a la comodidad y a la holgazanería, indicador de una sociedad cambiante, lo que Casas quería retratar.

lunes, 26 de septiembre de 2022

Friso de Beethoven

 


Friso de Beethoven

Artista: Gustav Klimt

Austria, 1902

Título original: Beethovenfries

Museo: Secessionsgebäude, Viena (Austria)

Técnica: Carbón Fresco Pastel (3400 x 200 cm.)


Oda a la alegría.

Concebido como un homenaje al compositor Ludwig van Beethoven (1770–1842) —y su Sinfonía n. º 9—, el Friso se instaló en una de las salas principales del Pabellón de la Secesión vienesa, con motivo de su XIV Exposición, en 1902.

El mural, de treinta y cuatro metros de largo, cuenta la historia de cómo la Humanidad consiguió alcanzar la felicidad tras enfrentarse a distintas adversidades. La narración da comienzo con un personaje al que conocemos como «el Fuerte» (el caballero de armadura dorada), acompañado de la Ambición y la Compasión. Arrodillada junto a él, la Humanidad, encarnada en figuras escuálidas y demacradas que buscan la protección del paladín.

En la parte central del Friso se encuentran las Fuerzas del Mal. Tifón, una horrible y descomunal bestia mitológica, ocupa el lugar principal, dando cobijo bajo sus enormes alas verdes a las hermanas Gorgonas y a toda una miríada de tentaciones y calamidades: la Lujuria, la Enfermedad, la Desmesura, la Impudicia, la Locura, la Muerte, la Pena…

Ya en el tramo final de la obra vemos flotando distintos «genios», una especie de ángeles, que llevan consigo a una dama dorada que toca una enorme lira, y es que este es el modo en que los hombres conseguirán vencer a sus enemigos: mediante las Artes y la Belleza. La Humanidad se funde en un tierno beso tras obtener la victoria, en una imagen que encaja a la perfección con el movimiento más famoso de la Sinfonía n. º 9, popularmente conocido como «Oda a la Alegría».

Klimt logró, con el genio que caracterizó toda su producción, aunar el ornamento modernista, el erotismo, el realismo y los motivos mitológicos clásicos para crear una obra de arte prácticamente total, en la que todas las disciplinas artísticas se unieran para llevarle a la Humanidad la Felicidad y el Amor.

viernes, 23 de septiembre de 2022

Las Bodas de Tetis y Peleo

 

Las Bodas de Tetis y Peleo

Artista:Jacob Jordaens

Flandes, 1637

Título original: De bruiloft van Thetis en Peleus

Museo: Museo del Prado, Madrid (España)

Técnica: Óleo (181 x 288 cm.)


Las manzanas siempre han causado problemas

¿Quién diría que esta escena resulta «la precuela» de la Guerra de Troya, el momento en el que surge el conflicto? Y sin embargo así es.

Esta famosa disputa comienza con la boda de Tetis y Peleo, los padres de Aquiles. Todas las divinidades fueron invitadas al gran acontecimiento, todas excepto una: Eris, la vieja diosa de la Discordia. Ya fuera un descuido o a propósito porque no caía demasiado bien al resto, el caso es que no recibió invitación para la ceremonia.

Eris, de naturaleza vengativa y polémica, no se tomó nada bien este ultraje e hizo lo que mejor se le daba: generar la discordia. Durante el banquete de la boda, Eris apareció volando y soltó una preciosa manzana dorada sobre la mesa, que cayó dando un golpe seco. Eris no pronunció una sola palabra y se marchó por donde había venido.

Se hizo el silencio, la manzana no había pasado desapercibida para nadie.

No sólo se trataba de la manzana más simétrica y brillante, además había una inscripción en ella: «τῇ καλλίστῃ», lo que en griego viene a decir «para la más bella».

Rápidamente, fueron tres diosas las que reclamaron la fruta dorada.

—Es evidente que es para mí. – dijo Hera.

—¿Disculpa? Esa manzana me corresponde. – replicó Atenea.

—¿Os estáis escuchando? Yo soy la más bella de todas, la manzana es mía. – intervino Afrodita.

Y así comenzó la disputa entre las tres diosas, cada una de ellas se declaraba dueña de la manzana y no estaban dispuestas a renunciar a ella.

Como no lograban ponerse de acuerdo, pidieron al resto de los presentes (seguramente a Zeus especialmente) escoger cuál era digna de poseerla. Zeus, temeroso de dar un veredicto por su cercana relación con las diosas, entre ellas Hera, su esposa (a la que engañaba día sí y día también, pero eso son otras historias), se lavó las manos y recurrió a Hermes, el mensajero de los dioses, para que asignara el marrón a un mortal, y ese mortal fue Paris, el menor de los príncipes troyanos.

Jordaens, con total teatralidad y dramatismo barroco, escoge el momento culminante de esta historia: Eris aún sobrevuela la escena y su brazo sigue extendido. En la mesa vemos a varios presentes, entre ellos los más importantes: Zeus es quien sostiene la manzana a punto de dársela a Hermes, inconfundible con su caduceo tras él. Al lado de su marido, Hera extiende la mano, esperando la manzana. También la extiende Atenea, de pie al otro lado de la mesa, vestida con su armadura. En primer término está Afrodita, que parece ofendida al ver que no le dan el fruto.


jueves, 22 de septiembre de 2022

La torre roja

 


La torre roja
Giorgio de Chirico
Italia, 1913
Título original: La torre rossa

Museo: Peggy Guggenheim Collection, Venecia (Italia)

Técnica: Óleo (73,5 x 100,5 cm.)


Sueños a plena luz de día.

Escrito por: GG Prieto

Antes del Surrealismo, un artista ya pintaba sueños, o ensoñaciones. Era Giorgio de Chirico, con sus enigmáticas obras que parecen ambientadas en fantasías de un sopor veraniego.

Son sueños a plena luz de día, pero la atmósfera onírica es innegable. Luces y sombras que no acaban de encajar de todo en un paisaje real de nuestro universo físico. Y lo mismo esas perspectivas… Quizás son visiones de otro planeta, de otro universo extrañamente parecido al nuestro.

Sus cuadros son postales de plazas italianas vacías, rodeadas de edificios antiguos, con monumentos pretéritos, quizás vestigios de que el ser humano ha estado ahí en algún momento de la historia… El pasado y el presente unidos bajo la luz del sol. El artista es capaz de pintar el silencio de la tarde, es como si pintara una siesta. La siesta de un gato durmiendo al calor vespertino del pavimento en las calles de Turín.

Y para aumentar lo inquietante, no ocurre nada en esos cuadros metafísicos, pero lo cierto es que parece que sí puede ocurrir algo en cualquier momento.

Giorgio de Chirico hablaba de que los objetos, aparte de lo que vemos, tienen también una apariencia espectral que solo ven algunos individuos en momentos de clarividencia y abstracción metafísica.

lunes, 19 de septiembre de 2022

Carteles Cronicas de un Pueblo Maluenda 2011-22

Cartel 10ª ed.Crónicas de un Pueblo Maluenda 2022

Cartel 9ª ed.Crónicas de un Pueblo Maluenda 2019
 

Cartel 8ª ed.Crónicas de un Pueblo Maluenda 2018
 

Cartel 7ª ed.Crónicas de un Pueblo Maluenda 2017
Cartel 7ªed. Cronicas de un Pueblo 2017 Maluenda

cartel cronicas de un pueblo 2016 Maluenda

cartel cronicas de un pueblo 2015 Maluenda

cartel cronicas de un pueblo 2014 Maluenda

cartel cronicas de un pueblo 2013 Maluenda

cartel cronicas de un pueblo 2012 Maluenda

cartel cronicas de un pueblo 2011 Maluenda

El apuro

 


El apuro
Francis Picabia
Francia, 1914
Título original: Embarras
Museo: Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid (España)
Técnica: Acuarela Lápiz (53,8 x 64,7 cm)

Retrato de Nueva York.
Escrito por: Miguel Calvo Santos
Todos conocemos a Picabia como un dadaísta, pero antes de este movimiento —y después también—, el artista no dejó de mutar. Cada cierto tiempo cambiaba de estilo, de técnica, de soportes, de temáticas… Era un culo inquieto y fue tomando de cada corriente artística para abandonarla y pasar a la siguiente.

Era cuestión de tiempo… En algún momento tenía que flirtear con la abstracción. Fue en 1914, poco antes de la Gran Guerra. Acababa de llegar de Nueva York para establecerse en Barcelona (después los haría en Zurich, todo para escaquearse de la Guerra).

Pero Nuevo York lo había marcado, sin duda. Colega de Duchamp y Alfred Stieglitz, Picabia todavía estaba buscando su estilo en esta enorme metrópolis que muy pronto se convertiría en la capital artística del mundo. Por ahora estaba llena de artistas emigrantes con ideas loquísimas que ni en Europa eran aceptadas.

Picabia estaba impresionado por toda esa libertad, esa ingenuidad en lo creativo. Y por supuesto también estaba flipando con la modernidad, el movimiento, la vitalidad de Nueva York. Me he alistado a la maquinaria del mundo moderno y la he introducido en mi estudio, dijo.

Apuro, tituló a esta acuarela. O, como pone arriba, Embarras, que también significa vergüenza, dificultad o turbación. El significado depende, por supuesto, de lo que prefiera el espectador al verla. Esa típica ambigüedad en los títulos de Picabia sería una constante en su arte posterior.

domingo, 18 de septiembre de 2022

José Luis López Velilla Palacio Montezumo

 



José Luis López Velilla, un diseñador «de tinta china y couché»

● El palacio de Montemuzo dedica a este creador una muestra antológica que recorre toda su trayectoria

El buen diseño es atemporal, inmortal, eterno. Y así son muchos de los trabajos del aragonés José Luis López Velilla (1932-2019), como ese arlequín azulado que es seña de identidad del Tinte de los Alemanes desde hace décadas. Su creador fue uno de esos diseñadores que, desde la humildad del trabajo anónimo y diario, renovó el lenguaje gráfico y publicitario de la España de los 60, 70, 80... Hubiera caído en el olvido si no fuera porque su familia donó su archivo al Ayuntamiento de Zaragoza (943 obras en todo tipo de formatos), y sus técnicos, después de catalogarlo, han querido ahora dar a conocer su trabajo.

Josefina Clavería, especialista en diseño e ilustración, se ha ocupado de las labores de comisariado de una muestra que puede visitarse hasta el 27 de noviembre en el palacio de Montemuzo.

«Tiene una obra enorme, ingente, porque desde que empezó como diseñador, ya en los años 50, hasta el año 2000, no dejó de trabajar ni un solo día de su vida», asegura Clavería. Con el título de ‘De tinta china y couché’, la muestra reúne trabajos publicitarios, cómics, folletos, logotipos, ensayos y experimentos de color y textura de este ‘dibujante comercial’ (así se les llamaba en la época en la que trabajaron, antes de que se reivindicara su labor), que siempre miró mucho más allá de nuestras fronteras.

«Era un hombre que todo el dinero que ganaba se lo gastaba en libros. En su biblioteca hay obras publicadas en Francia, Italia, Alemania, Estados Unidos, Japón... Eso le permitía estar al tanto de las últimas corrientes de diseño gráfico a nivel internacional y de incorporar a sus propios trabajos algunas ideas que veía en sus páginas».

El nivel del diseño aragonés

Carteles del Stadium Casablanca, calendarios de Cafés El Criollo, folletos del Banco Zaragozano, logotipos como el del PAR y publicidad para Colchones Relax conviven en los espacios expositivos del palacio de Montemuzo con obras en las que López Velilla daba rienda suelta a su creatividad, como carteles para las Fiestas del Pilar, la Feria de Muestras o las Fiestas de Primavera.

«Salvo casos muy concretos, eran obras ‘anónimas’. Y él, como muchos otros diseñadores gráficos de los años 50, 60 y 70, daba poca importancia a su trabajo. Eran gente humilde, que no firmaba sus trabajos, que respetaba y ayudaba mucho a sus compañeros de profesión, quizá más que en la actualidad, y que merecen ser sacados del olvido –subraya Josefina Clavería–. López Velilla, como otros creadores aragoneses de su generación, trabajó al mismo nivel artístico que otros diseñadores de Madrid y Barcelona que hoy son unánimemente respetados y mucho más conocidos».

Se refiere Clavería a estudios publicitarios de la época, como Fontán, donde López Velilla coincidiría con Miguel Navarro Centelles, o Danis.

El diseñador aragonés, en los 50 años que se mantuvo en activo, pasó del lápiz, la plumilla y la tinta china al diseño asistido por ordenador y los programas CAD. Con naturalidad y sin aspavientos, según sentía que su trabajo lo precisaba.

Josefina Clavería ha querido presentar al público trabajos que López Velilla nunca publicó, como sus cómics, o sus experimentos en búsqueda de efectos de color, formas y texturas, indagaciones que incorporó a objetos como la invitación a un concierto de arpa de Nicanor Zabaleta. Solo muy al final de sus días, López Velilla se dejó convencer por Josefina

Clavería de que su trabajo tenía interés y podía ser expuesto. Él le permitió entrar en su estudio para catalogarlo y firmó algunas de sus obras. «Era muy humilde –recuerda la comisaria de la muestra–. Pintó algún óleo, aunque solo para su familia, y nunca pensó en exponerlo. Pero, íntimamente, creo que él pensaba que era un artista en lo suyo». La exposición lo demuestra.

MARIANO GARCÍA · sept 18, 2022

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