sábado, 6 de agosto de 2022

Nacimiento de San Juan Bautista

 

Nacimiento de San Juan Bautista

Algo más que un icono feminista.

Artemisia Gentileschi

Italia, 1635

Título original: Nascita di san Giovanni Battista

Museo: Museo del Prado, Madrid (España)

Técnica: Óleo (184 x 258 cm.)

Escrito por: Toni R.

Artemisia es un símbolo de lucha contra el machismo imperante, pero no sólo eso, también fue una enorme pintora. El Museo del Prado posee una sola obra de ella, pero es una joya que algunos críticos incluso la definen como su obra maestra, El nacimiento de San Juan Bautista.

Los padres del futuro San Juan —Zacarías, un sacerdote judío, e Isabel—, no tenían descendencia y ambos eran de edad avanzada. El Arcángel Gabriel se apareció a Zacarías y le anunció que tendrían un hijo, y que le deberían llamar Juan. ​ Sin embargo, Zacarías no le creyó, por lo que fue castigado a permanecer mudo hasta que se cumpliese la profecía. ​Al nacer, sus parientes quisieron llamar al niño como a su padre, pero Zacarías escribió en una tablilla «Juan es su nombre», ​y en ese momento recuperó el habla. En el cuadro se observa, en un segundo plano, a la madre asistida por una mujer después del difícil parto, y al padre escribiendo el nombre de su hijo. Mientras en el grupo principal, vemos al pequeño asistido y lavado por varias mujeres.

El cuadro, que forma parte de una serie de seis obras dedicadas a la vida de Juan el Bautista, fue un encargo (por parte del virrey de Nápoles, el Conde de Monterrey, para Felipe IV) a Massimo Stanzione, un grandísimo pintor napolitano, principal competidor de Ribera en la ciudad. Debido a la magnitud del encargo, Stanzione decidió pedir colaboración a dos colegas cercanos a él, Paolo Finoglia (cuya aportación a este ciclo se ha perdido) y a Artemisia. A falta del cuadro de Finoglia, el Museo del Prado posee la serie completa, cuatro maravillosos cuadros de Stanzione y este Nacimiento que nos ocupa.

Artemisia, al igual que muchos pintores naturalistas del XVII (empezando por Caravaggio) fue olvidada durante siglos. Desde su restitución, en la primera mitad del siglo XX, su obra ha estado mediatizada por la horrible violación que sufrió. Por ejemplo, su cuadro «Susana y los viejos» se suele presentar como un ejemplo de su rechazo hacia el abuso sexual sobre las mujeres, cuando el cuadro fue pintado un año antes del repugnante delito que sufrió y, además, era una iconografía habitual en la época.

El Nacimiento de San Juan Bautista también ha sido a veces descrito desde una perspectiva feminista, por el uso mayoritario de mujeres, coordinadas en su trabajo y asistiendo a los necesitados. Sin embargo, esta misma composición (mujeres anónimas asistiendo a Juan, recién nacido, y ayudando a su madre tras el parto) fue desarrollada por otros pintores desde siglos antes, y es más que probable que Artemisia, cuando la pintó, siguió simplemente una composición tradicional.

Éste es un cuadro glorioso de una enorme pintora, de las mejores del siglo XVII (incluyendo a los hombres, claro). El gran Roberto Longhi, probablemente el historiador de arte más prestigioso de Italia del siglo XX y artífice en buena medida de su restitución, dijo: es el más logrado estudio lumínico de interior de toda la pintura italiana del siglo XVII, así de simple.

El diluvio

 

El diluvio

La gris Inglaterra de la I Guerra Mundial.

Winifred Knights

Reino Unido, 1920

Cementerio en Tirol

 

Cementerio en Tirol

Al artista lo que le gustaba era la acuarela.

John Singer Sargent

Estados Unidos, 1914

Título original: Graveyard in Tyrol

Técnica: Acuarela (75.88 x 34.61 cm.)

Escrito por: Fulwood Lampkin

John Singer Sargent pintó esta obra sobre papel mientras estaba retenido en Austria, pues acababa de estallar la Primera Guerra Mundial y no tenía la documentación adecuada para largarse de ahí.

En esa época, cuando estaba consolidadísimo como artista, ya no le interesaban los retratos de la alta sociedad que le habían traído fortuna y gloria, sino que prefería pintar paisajes de los sitios a los que viajaba. Y además con una técnica que el tipo manejaba a su antojo: la acuarela.

Sargent era ágil. Era un ninja de la acuarela. Llegó a pintar más de 2.000 y lo hacía con gusto, con fluidez gozosa, quizás con mucho más placer que los cuadros por los que cobraba una pasta.

Y aquí vemos claramente su maestría como acuarelista: Con unos cuantos trazos nos presenta una atmósfera cubierta de niebla, y un poco de hierba en el suelo. Y un poco más trabajados, los crucifijos de hierro fundido utilizados tradicionalmente para marcar tumbas en los Alpes tiroleses. Casi nos recuerda a un paisaje de la época del romanticismo.

No sabemos si el artista se olía ya la carnicería que se avecinaba, pero en 1914 creó esta maravillosa imagen, que resulta inquietantemente profética

viernes, 5 de agosto de 2022

La moneda única en todo el mundo

 


EL PATRIMONIO ARAGONÉS EMIGRADO

La moneda única en todo el mundo

De los cien ducados de oro de Juana I y Carlos I de Aragón, un acuñación zaragozana de 1528 realizada en oro puro, solo se conoce un ejemplar y se conserva en la Biblioteca Nacional de Francia.

Una de las facetas del patrimonio histórico más valoradas tanto a nivel científico, por la información que contiene, como a nivel popular, a través del coleccionismo, es la numismática. En Aragón se acuñó muchos siglos atrás y, según los especialistas, la moneda más antigua que se conoce fue realizada en torno al año 179 antes de Cristo en la ciudad ibérica de Celse (Celsa, Zaragoza). En esa época, y posteriormente, durante la ocupación romana, hubo numerosas acuñaciones, algunas más conocidas que otras.

Para los coleccionistas aragoneses tiene un especial valor el llamado ‘dinero jaqués’ o ‘dinero aragonés’, un tipo de moneda de vellón emitida en el Reino de Aragón desde la segunda mitad del siglo XI hasta 1728. La más antigua se remonta al reinado de Sancho Ramírez (1063-1094) y se acuñó en Jaca.

Algunas de estas monedas, por su rareza, alcanzan altos precios en las subastas especializadas. Pero la que traemos hoy aquí superaría a todas si saliera a la venta porque está acuñada en oro de gran pureza y porque solo se conoce un ejemplar en todo el mundo, que se conserva entre los fondos de la Biblioteca Nacional de Francia: los cien ducados de oro de Juana I y Carlos I. Alguna web se ha atrevido a valorarla y la ha tasado en 900.000 euros.

Se acuñó en oro en la Casa de la Moneda de Aragón, que se hallaba en la capital de Reino, Zaragoza, en 1528. En el anverso están representados Juana I y Carlos I de Aragón, en busto y de perfil, cara a cara y coronados. A su alrededor, en latín, figura la leyenda: «Juana y Carlos, Reyes de los aragoneses, triunfadores y católicos); y, en el reverso, está representado el escudo con el Señal Real de Aragón y la inscripción "Aragonum". En el perímetro, la leyenda dice: «Juana y Carlos, su hijo primogénito, reyes por la gracia de Dios» y aparece el escudo con el Señal Real de Aragón y la inscripción "Aragonum".

¿Por qué solo se conoce un ejemplar? Pues porque se acuñó por un motivo excepcional, según la mayoría de los especialistas, como regalo para conmemorar el juramento de Carlos I (V del Sacro Imperio) como rey de Aragón. En realidad, era más bien una especie de medalla.

Tan limitada tuvo que ser la acuñación, que su existencia pasó inadvertida hasta que se descubrió, ya bien entrado el siglo XVII, en una pintura del holandés Jacques de Ghein II, que al parecer la copió en 1603.

Un regalo para la boda real

Se puede recordar que una reproducción de esta moneda fue el regalo que Aragón entregó a don Felipe y doña Letizia con motivo de su boda el 22 de mayo de 2004. Eso sí, en el canto de la moneda figuraba escrito "Philippus*Aragón*Laetitia*MMIIII". Y, en la placa de plata que la acompañaba, "A Sus Altezas Reales, Don Felipe y Doña Letizia, Príncipes de Gerona. Los aragoneses, con ocasión de sus nupcias, tienen el alto honor de obsequiarles con una réplica de la moneda de cien ducados de oro, portadora de las efigies de sus antepasados, los Reyes Juana I y Carlos I de Aragón, y de su escudo de armas acuñada el año 1528 en la ceca de Zaragoza". La reproducción de la moneda se hizo en la platería de Pedro Faci.

Siendo educados de oro de Juana I y Carlos I

Ubicación cabinet del medaillés biblioteca Nacional de Francia Dimensiones: mide 83 milímetros de diámetro.

Material y peso oro 350 gramos Datación 1528


La dama de azul

 

La dama de azul

El paisaje interior.

Camille Corot

Francia, 1874

Título original: La Dame en bleu

Museo: Louvre, París (Francia)

Técnica: Óleo (125,5 x 50,5 cm.)

Escrito por: Miguel Calvo Santos

Camille Corot, no era solamente el paisajista más famoso de Francia (uno de los tipos de la escuela de Barbizon). A veces también pintaba interiores, y hacía cuadros tan exquisitos como el que vemos en la imagen.

Y como vemos, su realismo abre las puertas de par en par al impresionismo. No en vano la influencia de Corot fue decisiva en los primeros pasos de Monet, Renoir, Pissarro y compañía.

Corot pinta a esta señora con su típica técnica abocetada. Una pincelada por aquí, otra por allá, y como en uno de sus espléndidos paisajes, da vida a esta dama con vestido azul que posa con la mano en el mentón, con aire pensativo. Una misteriosa mujer que acaba de visitar al artista y accede a posar para él.

Más abocetado todavía está el fondo, pero no por ello quiere decir que Corot lo descuidara. Todo indica que era su taller, con caballetes y cuadros colgados. Simplemente lo «desenfoca» para que nos centremos en la figura de ella, y en concreto en su vestido, que se lleva todas las miradas.

Corot tenía 78 años cuando pintó el cuadro, lo que demuestra que los grandes artistas que destacaron por su innovación, en vez de aburguesarse y hacerse unos conservadores, se van haciendo cada vez más modernos cuanto más ancianos son.

jueves, 4 de agosto de 2022

Peces - Henri Matisse

 

Peces

Equilibrista del pincel.

Henri Matisse

Francia, 1914


Título original: Intérieur, bocal de poissons rouges

Museo: Centre Pompidou, París (Francia)

Técnica: Óleo (147 x 97 cm.)

Escrito por: Miguel Calvo Santos

Matisse el equilibrista. A pesar de la radicalidad de su propuesta artística y esos colores ultra-intensos —por no decir agresivos—, el gran pintor de principios de siglo XX sabía combinar todos los elementos para conseguir unas composiciones armónicas y perfectamente equilibradas.


Es como en esta excelente obra de arte, donde domina el azul, pero ahí están esos peces rojos en la pecera y esos tonos cálidos y primaverales de la ventana. Sin duda hace un buen día en París, pero el interior de ese piso (al parecer el taller del pintor a orillas del Sena) parece muy fresquito y confortable.


En esta habitación no parece sobrar ni faltar nada, y el pintor le dedicó muchos trabajos. Se ve que le gustaba el lugar. En esa época, Matisse realiza varios lienzos de formato vertical muy similares, con esa ventana casi siempre presente, y a veces unos peces nadando en una pecera, con los que el artista, todo un experto en espacio, crea un nuevo espacio de la nada. Un nuevo universo, por así decirlo.


La utilización fauvista del color (ya sabéis, colores planos y puros, sin mezclar, sin gradaciones) supuso toda una revolución. Casi un milagro. Porque casi parece magia que Matisse y sus compinches consiguieran crear luz con el simple uso de colores planos.

miércoles, 3 de agosto de 2022

Luchador de sumo

 

Luchador de sumo

Occidente se infecta de Japón.

Toyohara Kunichika

Japón, 1880

Título original: 相撲戦士

Colección particular

Técnica: Grabado (9 x 14 cm.)

Escrito por: Miguel Calvo Santos

La fascinación de Occidente por Japón viene de lejos. Por ejemplo, en el siglo XIX, cuando por varios motivos llegaron a París las estampas que hacían los artistas japoneses, el arte cambió drásticamente.

La modernidad y la frescura de estos artefactos artísticos llamados Ukiyo-e no tenían precedentes en el arte occidental y los jóvenes artistas europeos no pudieron ignorar esos nuevos diseños, nuevas composiciones, nuevo uso de la línea y el color…

Sin embargo, el grabado japonés tenía una tradición antigua en su lugar de origen, aunque cierto es que estaba siendo renovada durante el período Edo y la era Meiji por artistas como Toyohara Kunichika, que es el autor al que se le atribuye la expresiva imagen que veis en vuestras pantallas.

Kunichika era una gran estrella internacional a finales del siglo XIX, precisamente gracias a los jóvenes artistas occidentales. Esas imágenes creadas por él eran totalmente inéditas. Para un joven artista con siglos de tradición en su mochila, ver algo de Kunichika era como ver algo creado por un extraterrestre.

Toyohara Kunichika se especializó en escenas del teatro kabuki (expresivo maquillaje a lo KISS, composiciones marcianas…), aunque en este caso es un luchador de sumo que sostiene una «tawara» (una bolsa de paja llena arroz), y con ojos enloquecidos está a punto de lanzarla a su oponente.

Podemos apreciar perfectamente el uso del color típico de Kunichika, con sus característicos rojos fuertes