miércoles, 18 de enero de 2023

Carteles ESPIELLO 2003-2023

Cartel ESPIELLO 2023

Cartel ESPIELLO 2022



Cartel ESPIELLO 2020
Lema:Paisajes de la fragilidad
Titulo:Origen: empezar de 0
Autora: Sara Rubio

Cartel ESPIELLO 2019
 
Lema: Al son de la vida
Titulo: Notas de ayer y de hoy
Autor: Abel Lopez Cabeza
 
Cartel ESPIELLO 2018
Titulo: A traves de tus ojos.
Autora: Maria Fillat

Cartel ESPIELLO 2017
Titulo: Mirada aérea, otra mirada

Autor: Lorenzo Ordás Pardo

Cartel ESPIELLO 2016
Titulo: Fuente de cultura golbal
Autora: Sara Rubio
Lema: Cambio cultural

Cartel ESPIELLO 2015
Titulo: Historias de la vida
Autor: Juan Diego Ingelmo

Cartel ESPIELLO 2014
Titulo: Mediamáscara
Autor: Luca Mendieta Arranz

Cartel ESPIELLO 2013
Titulo: Camaraña
Autor: Juan Diego Ingelmo

Cartel ESPIELLO 2012
Titulo: De cine por el Sobrarbe
Autor: Paola Coiduras

Cartel ESPIELLO 2011 
Titulo: Imaginacción
Autor: Paola Coiduras

Cartel ESPIELLO 2010 
Titulo: Enredos de Celuloide
Autor: Pirinei S.C.

Cartel ESPIELLO 2009 
Titulo: Comarca Regada de Historia
Autor: Alicia Otín Redol

Cartel ESPIELLO 2008 
Titulo: Proyectando Historia
Autor: Loher Publicidad

Cartel ESPIELLO 2007 
Titulo:
Autor: Saul Moreno Irigay

Cartel ESPIELLO 2006 
Titulo: Saumeta
Autor: Saul Moreno Irigay

Cartel ESPIELLO 2005 
Titulo:
Autor: Xurxo García Peralta

Cartel ESPIELLO 2004 
Titulo:
Autor: Jon Izeta

Cartel ESPIELLO 2003 
Titulo:
Autor: Silvia Aguilera

martes, 17 de enero de 2023

Muchacha leyendo una carta frente a la ventana

 

Muchacha leyendo una carta frente a la ventana

Artista: Johannes Vermeer

Países Bajos, 1657

Título original: Brieflezend meisje bij het venster

Museo: Gemäldegalerie Alte Meister, Dresde (Alemania)

Técnica: Óleo (83 x 64 cm.)

Esta pintura ocultaba a otra pintura.

Gracias a una restauración en el año 2021 (de la que hablaré después) esta obra se ha vuelto muy popular últimamente, y ¡qué suerte la nuestra!, porque es maravillosa.

Vermeer pinta a una muchacha de cabellos rubios que lee una carta frente a la ventana abierta de la habitación.

Fijaos en cómo trata cada detalle: el reflejo del rostro de la chica en el cristal de dicha ventana, la cortina remangada que cae por detrás…todo está pensado, parece un espacio real, no el de una pintura. Como otros artistas barrocos (Rembrandt, Velázquez Vermeer sabrá captar perfectamente la atmósfera en sus lienzos.

Además, consigue acercarnos y alejarnos a la vez de la escena: por un lado nos muestra a esta chica en su habitación, leyendo correspondencia, en un momento íntimo y solitario, nos hace voyeurs. Sin embargo, la cortina verde en la esquina derecha es una manera de hacernos notar el privilegio (del espectador) al observar algo que debería ser privado, y es una manera de simbolizar que en cualquier momento puede correrse hacia el otro lado y dejarnos con la tela en las narices, sin poder ver nada más de eso que no deberíamos estar viendo.

Si miráis con atención el reducido espacio de pared en la estancia, podréis comprobar que hay una sombra, la cual no corresponde a la ventana abierta, pues la suya es más pequeña y ya se aprecia claramente en una posición inferior.

Por lo tanto, ¿cuál puede ser el origen de esa sombra?

A partir de aquí ya puedo hablaros de la restauración que mencionaba al principio: se sospechaba que en la pared había un cuadro y este se había tapado (quizá por el propio Vermeer o tal vez posteriormente). Con una radiografía que se le hizo en 1979 se descubrió que efectivamente había algo debajo: ¡era un cuadro de Cupido! Aparecía el dios del amor con su habitual arco y flechas mágicas, además de dos máscaras, que son una manera material de simbolizar las cualidades que debería tener todo amor verdadero: fidelidad y honestidad.

En el 2021, averiguaron que no fue Vermeer quien tapó a Cupido (lo hizo alguien tras la muerte del artista, por razones desconocidas), y tras un delicado proceso se consiguió recuperar la obra tal y como fue concebida, en la actualidad podemos ver la pintura del dios en colores vivos, a la perfección.

¿Puede este cuadro dentro del cuadro cambiar el significado de lo que veíamos hasta ahora? Sí.

Tal vez esta chica es más joven de lo que pensábamos, y está fantaseando y leyendo una carta de amor. O ese papel que lee con tanta atención es una misiva de su primer amor, que ha tenido que marcharse temporalmente y todo lo que le queda para mantener el contacto con su amada es la escritura.

Es lo bueno de este tipo de pinturas: podemos inventarnos infinidad de historias, o teorías del verdadero significado, al menos el que pudo tener para Vermeer, gran pintor y narrador a partes iguales.

Lo que está claro es que la presencia de Cupido acentúa el amor, le da una connotación romántica que probablemente no se nos pasaría por la cabeza cuando estaba oculto.

jueves, 12 de enero de 2023

Tricoteuse

 

Tricoteuse 1919

Jean Metzinger

(1883, France - 1956, France)

Ámbito: Peinture

Técnica: Huile sur toile

Medidas: 116,5 x 81 cm


Marcado primero por el divisionismo y el fauvismo, Jean Metzinger entró en contacto con Braque y Picasso en 1910, desempeñando pronto el papel de intermediario entre el cubismo de Montmartre y el de Passy. A partir de 1911, Metzinger hizo una importante contribución a la historia del "Salon Cubism", exhibiendo ambiciosas composiciones en el Salon d'Automne y el Salon des Indépendants. Como demuestra Du "cubisme", su ensayo escrito conjuntamente, en 1912 (París, Eugène Figuière), Metzinger comparte con Albert Gleizes la misma preocupación por incluir el cubismo en la gran tradición pictórica. En este sentido, Metzinger retomó especialmente el tema de la figura, que incluía varios de sus cuadros pintados en 1919, que representan a mujeres sentadas. 

Tricoteuse puede compararse así con una Mujer con una cafetera (Londres, Tate Modern) o incluso con una Mujer leyendo (San Francisco, SFMoMA). Al mostrar a esta ama de casa comprometida en una ocupación que era a la vez pacífica y utilitaria, Metzinger, que también había sido movilizado, sin duda respondió a la violencia mortal de la guerra y expresó el deseo de paz, que entonces animó a las élites francesas. Plásticamente, la obra aún depende mucho del lenguaje formal del cubismo analítico, pero no deja de manifestar la influencia de Juan Gris, con quien se relaciona Metzinger, en el uso de un color azul pálido. El tratamiento del fondo y los complementos (cojín y jarrón), menos afectados que la figura por la superposición de planos quebrados, anuncia el estilo más realista que caracteriza la obra de Metzinger a partir de 1922.

lunes, 9 de enero de 2023

Dominación

Dominación

Trilogía “El tercer hermano Grimm”

Valérie Favre

Centre Pompidou Málaga

Mi mano es un poco caótica, frágil, pinto y vuelvo a pintar y no necesariamente bien. […] Opero transformaciones para evitar el academicismo, el realismo. Si la pintura de Valérie Favre se resiste al análisis es porque no ocupa ningún territorio inmediatamente identificable, ni constituye el medio exclusivo del artista. Así puede surgir, en un recorrido expositivo, un vídeo o un objeto, no como accidentes, sino como tantas transiciones visuales que permitan penetrar mejor en un mundo al mismo tiempo imbuido de referencias personales, con guiños a la historia del arte, o nutrido de la imaginación de los cuentos de hadas. Después de haber vivido en Suiza, luego de quince años en Francia, Valérie Favre se mudó a Berlín en 1998, orientándose más en el corazón de una escena alemana para la cual la pintura sigue siendo central y cuyos artistas "proponen soluciones muy interesantes, especialmente el problema de narración. En Dominación, cuadro perteneciente a la trilogía “El tercer hermano Grimm”, esta inquietud forma parte de un tema querido por el artista, el bosque, soporte tradicional de la narrativa y la fantasía. En un paisaje fantasmal –cuyo fondo evoca Die Toteninsel [Isla de los Muertos] de Arnold Böcklin– figuras de identidad incierta parecen disolverse en la superficie de la obra en las gotas de materia, mientras que otras parecen emerger de las profundidades. del lienzo, proporcionando tantos enigmas y encrucijadas en el transcurso de una historia que el artista, como en el interior de cada uno de sus cuadros, disfruta a su vez, con gran virtuosismo, de tejer y deshacer, en una jubilosa demostración de las infinitas potencialidades de pintura

Muchacha de Figueres

 

Muchacha de Figueres                            

SALVADOR DALÍ

Fecha 1926

Dimensiones 20,8 x 21,5 cm

Técnica Óleo sobre madera

Ubicación Teatro-Museo Dalí

https://www.salvador-dali.org/es/


Óleo presente en la segunda exposición individual del artista en las galerías Dalmau de Barcelona, celebrada del 31 de diciembre de 1926 al 14 de enero de 1927, que muestra su primer viaje a París en abril de 1926, cuando visita el taller de Picasso, y a quien considera Maestro. Es una obra inquietante por la precisión realista del paisaje en contraste con el personaje imaginario, que asociamos con un estereotipo femenino de la moda y la publicidad del momento. Destaca asimismo el anuncio de la casa automovilística Ford. En la última época del pintor en Figueres, en Torre Galatea, había mostrado insistentemente su deseo de recuperar este óleo para exponerlo en su Teatro-Museo. Finalmente se pudo adquirir y se muestra habitualmente en la Sala del Tesoro.


#EmocionArte

—¿No te aburres todo el día aquí arriba en la terraza, Salvador? ¿Qué haces tanto tiempo solo? No entiendo que siempre me pintes de espaldas y en ventanas o miradores. Alguna vez quiero darme la vuelta y que se vea mi cara. No tardes mucho en bajar, que aunque haya salido un buen día ya empieza a refrescar. Está siendo un otoño extraño, ¿verdad? Aquí estamos, vestidos casi de verano y los árboles desnudos de hojas. ¿Y cómo llamarás a la obra? ¿Sigo haciendo que coso? ¡Dime algo! No hablas nada, pareces en trance. Papá quería subir, menos mal que al final el trabajo no se lo ha permitido. Fue una suerte mudarnos tan cerca. Claro, que nosotros no recordamos nada de la anterior casa, pero no me imagino en otro sitio que no sea en esta calle Monturiol. Además, que papá tenga la notaría en el bajo es estupendo, así estamos más tiempo juntos. Oye, ¿y de verdad crees que vas a poder vivir de los cuadros? Mira que los pintores se mueren de hambre. Eres raro, Salvador. Siento decirte eso, pero eres raro. Alguna vez he subido a espiarte y te he visto corriendo desnudo, gritando como un demente. En otra ocasión te observé mientras te ponías pinzas de colgar la ropa en la nariz y aguantabas el dolor y la respiración. A punto estuve de ir en tu auxilio, pero luego me decía que es imposible morir así porque uno no puede ahogarse a sí mismo. ¿Sabes que el instinto de supervivencia provoca que respiremos, aunque queramos morir aguantando sin respirar? Llega un momento en el que nuestro cerebro obliga a nuestros pulmones a activarse. No me gusta mucho esta plaza como fondo de un cuadro, espero que al menos aparezcan esas montañas y la ermita. Date prisa, Salvador, que además pronto empezaré a moverme, y me equivocaré, y no quiero. Oye, ¿y ese Pablo que tanto te obsesiona? ¿Por qué es tan importante para ti? He visto algunos cuadros suyos y tampoco es para tanto. ¿Se gana la vida con ellos? Cuéntame algo de tus viajes por Francia, anda. ¡Qué suerte poder ver mundo! Fíjate, si este cuadro viaja por otros países ni siquiera mi figura pintada va a poder ver nada. ¡Me condenas para siempre a ver el cielo de Figueras! O dime, ¿qué tal por Madrid? La Residencia está bien, ¿verdad? Podrías invitar a Federico a Cadaqués este verano. ¡Vaya susto me han dado las campanas! ¡¡¡Salvador!!! ¡Menudo aburrimiento! Es la última vez que hago de modelo. Es que no me dices nada. ¡Cuenta algo! —No has parado de hablar, Anna. Es muy difícil para mí mantener el grado de concentración que requiere este trabajo si estás todo el rato preguntando. Hemos terminado. Yo me quedaré un rato aquí arriba.

Anna María se asomó a espiar el cuadro y, aunque su hermano intentó ocultárselo, logró alcanzar a ver cómo le había cambiado algo el peinado. Es un peinado a la «moda decó», como él le había pedido, y que ella, después de ver la foto que le había enseñado, intentó imitar como pudo.

—Y ese letrero tan grande de Ford, ¿qué pinta ahí? No entiendo nada. Bueno, confío en que lo expongas en Dalmau si haces otra muestra pronto.

—Tranquila, Anna María. Y vete para abajo, que estará lista la cena. Ah, y ese Pablo se llama Pablo, pero le llaman por su apellido: Picasso. A él le enseñaré primero esta obra, si tiene a bien verla.

A este cuadro de la primera etapa de Salvador Dalí le tengo especial cariño porque hace unos años estuve en la misma terraza y en el lugar exacto donde, hace casi un siglo, Salvador Dalí pintaba a su hermana. Esa hermana que un año después pintaría, de espaldas también, en la casa que tenían en Cadaqués, solo que en esta ocasión ella miraría al mar Mediterráneo.

Subir a esa terraza, en el número 10 de la calle Monturiol, tiene algo de mágico. Después de ver el piso familiar, un par de plantas más abajo, en esa terraza comprendes, mejor que leyendo cien artículos, el espíritu de un artista inclasificable que confesaba que subía hasta allí, entre otras cosas, para «pincharme agujas de prender la ropa en cada oreja y otra en la nariz, y una corona pequeña… Me hacía un daño terrible. Pasaba así una hora entera de cilicio, de martirio».

En ese mismo tejado hay una especie de trastero con una pila que Dalí llenaba de agua y donde se bañaba desnudo mientras veía los cielos de Figueras; hay dibujos de esos baños. En un edificio colindante vemos unas pequeñas ventanas que tienen la misma forma que un cuadro de nombre imposible de aprender, Gala desnuda mirando el mar que a 18 metros aparece el presidente Lincoln, uno de los exponentes de un método que seguro tiene su raíz en esa azotea: el método «paranoico-crítico».

A Dalí hay que entenderle, como a casi todo el mundo, fijándonos primero en su infancia. En un paseo por el cementerio de Figueres, un amable enterrador me mostró la tumba del hermano del pintor que murió siendo un bebé, un hermano que se llamaba Salvador. Eso siempre le impresionó, por eso afirmaba que cometía todo tipo de excentricidades para confirmar que él era el hermano vivo. Seguir su rastro por Figueres y Cadaqués es relativamente fácil y apasionante. Quizá el Dalí de esos primeros años fue el más auténtico. Luego empezó a colocarse una máscara sobre otra máscara y, sobre esta, otra que hacía imposible distinguir entre el hombre y el personaje que se había inventado ese hombre. Dalí, que no acaba nunca porque nunca se muestra del todo, termina siendo un enorme artista motivo de caricatura y de mofa. Le imaginamos en la actualidad y daría mucho juego en las redes sociales que, a buen seguro, él habría utilizado para beneficio propio. Porque todo, o casi todo, en Dalí se orientaba en la búsqueda de un beneficio.

La relación de Anna María y Salvador, que había sido muy buena, se quebró en 1929 con la aparición de la omnipresente Gala, en esa visita mítica a Cadaqués junto a Paul Éluard y René Magritte. Cuarenta años estuvieron sin hablarse por las desavenencias con la que sería segunda musa de Dalí, y también por la facilidad para olvidar que tuvo siempre el genio del bigote nacional durante la contienda, Dalí miró para otro lado, hasta el punto de que llegó a sentirse cómodo en la dictadura franquista. La relación entre los hermanos se hizo definitivamente irreconducible después de la publicación, en 1942, de La vida secreta de Salvador Dalí, que Anna consideró inmoral. Pocos años después, ella publicaba Dalí visto por su hermana, en la que ajustaba alguna cuenta pendiente con él, embite al que el pintor, supuestamente, responde en 1954 con el cuadro Joven virgen autosodomizada por los cuernos de su propia castidad, una «versión» de la célebre Muchacha en la ventana.

Picasso mostró mucho interés por el cuadro Muchacha de Figueres. Nace aquí también una de las relaciones artísticas más peculiares de la historia, basada en la rivalidad y la admiración. Rivalidad sobre todo en una dirección, del discípulo hacia el maestro. Una rivalidad que se convirtió en división durante el franquismo y que se puede resumir en este juego de afirmaciones y negaciones salidas de la boca de Dalí:

Picasso es español, yo también. Picasso es un genio, yo también. Picasso tiene 72 años, yo unos 48. Picasso es conocido mundialmente, yo también. Picasso es comunista, yo tampoco.

Muchas veces el talento de Dalí se le escapaba a borbotones por una boca demasiado grande.

Esa Anna María, que plácidamente posa en la terraza de la calle Monturiol, caería en manos de una checa durante la Guerra Civil siendo acusada de espionaje y torturada durante dos semanas. Nunca volvió a ser la misma.

A pesar de eso, y a pesar de que Federiquito —como llamaba Anna a Lorca— había sido asesinado por el bando Dalí murió en 1989, escuchando Tristán e Isolda;Anna María murió cuatro meses más tarde. Él, en Figueres; ella, en Cadaqués. Los dos bastante solos.

Muy lejano quedaba aquel plácido y caluroso día de otoño en el que él la pintó en la azotea de la casa familiar. Cuando todo estaba por hacer.

martes, 3 de enero de 2023

Sífilis

 

Sífilis

Artista: Ramón Casas

España, 1900

Museo: Museo Nacional de Arte de Cataluña, Barcelona (España)

Técnica: Óleo (46 cm x 28 cm.)


El «mal francés».

La sífilis lleva con nosotros unos cuantos siglos. Quizás milenios. Pero desde luego nadie quiere ser el país exportador de la enfermedad. Se ha denominado «mal francés» en casi todo el mundo (al menos en Italia, Alemania, UK y España), aunque los franceses la llamaron «mal napolitano»; los rusos, «enfermedad polaca»; los polacos, «enfermedad alemana», los japoneses, «enfermedad china» y en Paises Bajos y Portugal es, por supuesto, «enfermedad española».

Sea de donde sea, ilustres artistas de todas las nacionalidades han padecido esta enfermedad venérea tan asociada a la promiscuidad. Evidentemente la tuvieron músicos: Liszt o Schubert (a este se la contagió una prostituta que también inspiró su Sinfonía Inconclusa), también literatos: Rimbaud, Verlaine o Baudelaire (si eras poeta francés, era casi obligatorio), y por supuesto artistas: Vicent Van Gogh, Paul Gauguin, Toulouse-Lautrec… e incluso hay quien afirma que hasta por ella se quedó sordo Francisco de Goya.

Toda Europa sufrió una epidemia potente de sífilis a finales del XIX (otro de los efectos de la industrialización de las ciudades), y Cataluña no se quedaba atrás. Por eso, se comercializaron fármacos para tratar el mal o lugares donde curarse. En este contexto, se encargó también la Ramón Casas la tarea de anunciar un hospital, pero de paso alertar a la gente de la mejor manera de evitar la sífilis: no irse de putas.

Casas hace una especie de alegoría de la enfermedad personificándola en una bella joven que nos ofrece una flor. Pero, ¡cuidado! en una mano a su espalda, la mujer tiene agarrada una serpiente oculta.

Esta campaña de salud pública (disfrazada de anuncio de un sanatorio) se advierte de los terribles peligros de la práctica de la prostitución, pero lo hace con la elegancia que solo un modernista catalán del XIX podía tener.

El águila marina

 

El águila marina 1926

Gustave Desmet 1877-1943

Descripción:

La escena evoca el mundo portuario, donde los marineros acuden a emborracharse por la noche en compañía de las prostitutas. Gustaf De Smet abordó este tema ya en 1925 en su gouache Femme et marin . Aquí trata el tema de forma poética y desenfadada, sin emitir juicios. Las formas son simplificadas, monumentales, sobrias. 

La composición muestra cierta afinidad con Le déjeuner sur l'herbe de Manet . Sin embargo, la estilización de la belleza de la mujer, la geometría de las formas, la ausencia de perspectiva y el uso poco convencional de los colores apuntan más al cubismo. Blanco, rosa claro, gris, beige. Un degradado azul. Tonos claros y refinados que se alejan de la paleta más tosca de otros expresionistas flamencos. Estos colores crean una atmósfera suave y serena, que el artista refuerza haciendo que su barco ( De Zeearend ) navegue bajo una bandera holandesa en lugar de belga, para permanecer en la misma gama de colores