domingo, 28 de diciembre de 2025

Posimpresionismo

 

Posimpresionismo

(c. 1880-1905)

 Durante las décadas de 1880 y 1890, una serie de artistas pioneros que habían trabajado en el estilo impresionista decidió que el impresionismo era demasiado simplista y no se centraba suficiente en elementos como la estructura y la solidez de los objetos o expresar la emoción mediante el color. Cada uno de estos artistas adoptó un planteamiento y estilo propios y posteriormente pasaron a conocerse colectivamente como posimpresionistas.

 La etiqueta «posimpresionismo» no se utilizó hasta 1910, después de muertos los cuatro artistas principales a quienes describía el término. Era un término paraguas y no encapsulaba su individualidad y originalidad con bastante claridad, pero ha acabado por imponerse para designar a unos artistas rompedores que produjeron una obra colorida e inventiva una vez el impresionismo contó con la aceptación popular.

Diversidad de estilos

En 1910, Roger Fry (1866-1934), artista y crítico de arte británico, organizó una exposición de arte en Londres. Escaparate de obras de Manet, Cézanne, Gauguin, Vincent van Gogh (1853-1890) y Georges Seurat (1859-1891), entre otros, supuso un intento de aproximar al público británico las obras de los artistas que secundaban el impresionismo. Fry tituló la exposición «Manet y los posimpresionistas» y explicó: «Era necesario otorgar a estos artistas un nombre, para lo cual elijo, por ser el más vago y el menos comprometedor, el nombre de posimpresionismo». Y tal fue el nombre que se implantó.

Como muchas de estas categorizaciones, el nombre no dilucida gran cosa: sólo que los artistas de la exposición eran posteriores al impresionismo. Como término amplio, se aplicó a varias de las vertientes que surgieron de o a causa del impresionismo, y ha acabado por referir la diversidad de estilos y planteamientos que algunos artistas aplicaron entre 1880 y 1905 aproximadamente. Entre ellos figuran Henri de Toulouse-Lautrec (1864-1901), Paul Signac (1863-1935), Émile Bernard (1868-1941) y Maurice Denis (1870-1943). Ninguno de ellos es fácilmente clasificable, de manera que el nombre se ha perpetuado como expresión general, colectiva. Varios de los artistas también se han clasificado bajo otras etiquetas, como neoimpresionismo, puntillismo, divisionismo, cloisonismo, sintetismo, los nabis y la escuela de Pont-Aven, por citar algunos de ellos.

Expresión personal

Los impresionistas registraron los efectos fugaces del color y la luz que veían ante ellos. En general, pese a que las temáticas posimpresionistas solían ser similares a las de sus antecesores, abandonaron las inquietudes naturalistas de éstos y apostaron por una mayor estilización. Y por mucho que lo consideraran revolucionario y les allanara el camino para avanzar en sus propias direcciones, los posimpresionistas opinaban que, en tanto que estilo, el impresionismo había dejado de progresar. Muchos posimpresionistas utilizaron los colores puros y vívidos del impresionismo, y la mayoría de ellos continuó alejándose de las temáticas tradicionales y aplicando pinceladas cortas de colores rotos para transmitir impresión de movimiento y vitalidad. Asimilaron ideas del impresionismo, pero las modificaron por completo y crearon imágenes sumamente personales y más expresivas que cualquier arte creado hasta entonces. Su obra influyó en varias ideas artísticas nuevas de los albores del siglo xx.

 Trabajar en soledad

A diferencia de los impresionistas, quienes socializaban y exponían juntos, los posimpresionistas pintaban principalmente solos y no se reunían con asiduidad para debatir sus teorías. Cézanne pintó generalmente en Aix-en-Provence, en el sur de Francia; Gauguin pasó la mayor parte del tiempo entre la Bretaña y Tahití; Van Gogh vivió en Arles, en la Francia meridional, y luego en Auverssur-Oise, una población al norte de París, y Toulouse-Lautrec pintó sobre todo en Montmartre, en París. Gauguin y Van Gogh produjeron un arte que expresaba sus creencias personales y espirituales. Si bien sus composiciones y su aplicación de la pintura a menudo resulta más simplista y menos sofisticada que la pintura impresionista, su obra presentaba significados subyacentes a su aspecto superficial. Gauguin recreó los colores puros y planos, los contornos marcados y los aspectos decorativos de las vidrieras medievales y la iluminación de manuscritos, mientras que Van Gogh aplicó pinceladas curvas, coloridas, cortas y gruesas para transmitir sus ideas y emociones. Cézanne (el llamado «padre de la pintura moderna» por su enorme influencia en las generaciones venideras) estudió en la Académie Suïsse de París, donde conoció a algunos de los impresionistas. Camille Pissarro (1830-1903) le enseñó los rudimentos del impresionismo, en concreto los métodos para plasmar la luz y el color a partir de la observación directa. Cézanne participó en dos de las exposiciones de los impresionistas, si bien dejó de capturar momentos efímeros para pintar objetos desde distintas perspectivas simultáneamente, usando planos de color y pinceladas pequeñas en un intento por transmitir la idea de la estructura sólida de todo. Toulouse-Lautrec pintó e imprimió imágenes de cafeterías bohemias, burdeles y clubes nocturnos de París. Retrató lugares de mala fama y a sus empleados y visitantes con sinceridad, si bien también con empatía y conocimiento interior. Sus fluidos contornos y colores luminosos diferían por completo de cualquier imagen previa y su obra se convirtió en sinónimo de su tiempo.

A grandes rasgos, el arte posimpresionista se apartó del enfoque naturalista que defendió el impresionismo y se acercó a los principales movimientos artísticos de principios del siglo xx, como el cubismo y el fovismo.

La noche estrellada

Experimentando con algunas de las técnicas aprendidas de los impresionistas, Van Gogh pintó esta vibrante escena nocturna con colores aún más luminosos y pintura de impasto, pinceladas cortas y patrones rítmicos. En el cielo se arremolinan las nubes, centellean las estrellas y refulge una luminosa luna creciente. Un pueblecito descansa tras un inmenso ciprés oscuro en primer plano. El árbol es símbolo de aislamiento y se dice que representa a Van Gogh, mientras que la aldea encarna al resto del mundo, y el cielo, con las estrellas y la luna, evoca a Dios. Posiblemente las once estrellas reflejen el pasaje bíblico en el que José narra un sueño donde vio el sol, la luna y once estrellas descender sobre él.

 El sintetismo y los nabis

El sintetismo y los nabis fueron los dos estilos posimpresionistas. Una rama del simbolismo, el sintetismo lo originaron Émile Bernard (1868-1941) y Gauguin. Los artistas sintéticos exploraban las emociones, a menudo empleando zonas planas de color. Algunos incluían detalles intricados, mientras que otros trabajaban con una simplicidad casi infantil. Los nabis («profetas» en hebreo) se inspiraron en el sintetismo, si bien gran parte de su obra estuvo también influida por los grabados japoneses y losdiseños del art nouveau.

 Sueño que pinto y luego pinto mi sueño.

Vincent van Gogh

 Una obra de arte que no surge de una emoción no es arte.

Paul Cézanne

La idea en síntesis:

Respuestas individuales al impresionismo

 

jueves, 25 de diciembre de 2025

Simbolismo y esteticismo

La vision tras el sermon (La lucha de Jacob con el angel), Paul Gauguin, 1888, óleo sobre

lienzo

Simbolismo y esteticismo

(Segunda mitad del siglo XIX)

Mientras los realistas y los impresionistas evolucionaban sus ideas y estilos, otros artistas también se apartaban de las convenciones del arte académico. Dos de estos movimientos fueron el simbolismo y el esteticismo. El simbolismo nació en Francia y suponía un intento de expresar las verdades ocultas y los misterios subyacentes a las apariencias. En Gran Bretaña, el esteticismo se centró en la belleza, realzando la forma por encima del contenido.

 

Tanto el esteticismo (o movimiento esteticista) como el simbolismo fueron reacciones al realismo y, en ciertos aspectos, ambos se asemejaban. El esteticismo estaba obsesionado con la belleza, que el realismo denostaba, y los simbolistas expresaban lo intangible, mientras que los objetivos de los realistas eran las verdades empíricas. Los artistas simbolistas y esteticistas rechazaban los planteamientos clásicos del arte y la literatura y no creían que el arte debiera educar en los principios morales a los espectadores.

 

El arte por el arte

El simbolismo se inspiró en el escritor y crítico Théophile Gautier (1811-1872), entusiasta del Romanticismo, quien fomentó la idea de expresar las «sensaciones puras» o percepciones personales. Espoleó a escritores y artistas a usar su imaginación e intuición para producir obra, cosa que suscitó la idea de crear «el arte por el arte». Por vez primera los artistas creaban arte sin un objetivo espiritual, político, moral o meramente decorativo, como el rococó. Creaban porque sí. Y esta idea los incitó a eludir temáticas sociales, políticas y morales, y a concentrarse puramente en la belleza. Los artistas y escritores asociados con el esteticismo y el simbolismo experimentaron con la idea de que el arte debía existir aparte del mundo cotidiano, y no como una extensión de éste.

 

Esteticismo

En sintonía con las teorías de Gautier, los esteticistas también admiraban el Romanticismo, rechazaban las representaciones de temas sociales o morales, y realzaban el valor artístico de su obra. Menospreciaban los productos de elaboración mecánica de la revolución industrial, la teatralidad de las imágenes victorianas y los códigos morales rígidos y estrechos de miras de la sociedad victoriana. Se mostraban receptivos a las nuevas modas e interesados en las apariencias, convencidos de que la belleza era un aspecto imperativo de la vida. Esta idea surgió como reacción a la industrialización y desembocó en una revisión radical de las relaciones entre los artistas y la sociedad. El escritor Oscar Wilde (1854-1900) se convirtió en portavoz del esteticismo tras quedar fascinado por sus ideas mientras se hallaba en la Universidad de Oxford. Retuvo su interés el resto de su vida. Debido a su insistencia en rodearse de cosas bellas y a su ingenio aparentemente frívolo, muchos lo consideraban un cabeza hueca, pero lo cierto es que cultivaba deliberadamente estos aspectos a través de sus creencias en el esteticismo. Normalmente se considera que el movimiento concluyó poco después del juicio de Wilde, en 1895. Entre los artistas visuales que practicaron el esteticismo figuran: James Abbott McNeill Whistler (1834-1903), Albert Moore (1841-1893), Frederic Leighton (1830-1896), Burne-Jones y William Morris (1834-1896), quienes se esforzaron por crear entornos completos y bellos que acabaron por imprimir a su obra un programa social, rayano en lo político, que cambió el modo de vivir de las personas. La Hermandad Prerrafaelita fue una precursora del esteticismo, pues los estetas se vieron influenciados por las pinturas que idealizaban la vida medieval.

 

Manifiesto simbolista

Los simbolistas no se adhirieron a un solo enfoque formal o técnico, pero en 1886 el poeta Jean Moreas (1856-1910) publicó su manifiesto simbolista en Le Figaro, donde listaba sus valores, resumidos en el rechazo de los principios del naturalismo y el realismo. Moreas citaba tres poetas como principales exponentes del movimiento: Charles Baudelaire (1821-1867), Stéphane Mallarmé (1842-1898) y Paul Valéry (1871-1945). Baudelaire consideraba que las ideas y las emociones no sólo se transmitían a través de los significados de las palabras, sino también de sus sonidos y ritmo, cosa que influyó sobremanera en los simbolistas. Paul Gauguin (1848-1903) experimentó con su propia concepción del simbolismo durante la década de 1880 y comunicó sus ideas mediante el color, los patrones y el ritmo. Convencidos de que el arte europeo carecía de originalidad y de simbolismo, en su obra expresaron significados subyacentes. Otros simbolistas que crearon imágenes mitológicas y oníricas fueron Gustave Moreau (1826-1898), Pierre Puvis de Chavannes (1824-1898) y Odilon Redon (1840-1916).

 

Contradicción

Resulta interesante que, pese a la oposición de sus ideas, algunos artistas etiquetados de realistas produjeran pinturas que bien podrían tildarse de simbolistas. Millet, por ejemplo, solía incluir símbolos en sus lienzos de campesinos trabajando. También Courbet parece evocar significados en algunas telas de personas corrientes. Convencidos de que el arte debería ser subjetivo y misterioso, y de que el tema debía emanar de las emociones, los sueños o las percepciones íntimas, cada simbolista creó símbolos personales, y a menudo ambiguos, que no eran ni motivos religiosos tradicionales ni otros emblemas familiares a los espectadores. Tras surgir de las inquietudes artísticas de un reducido grupo de pintores, escultores, escritores, arquitectos y diseñadores vanguardistas, el simbolismo no tardó en consagrarse y extenderse como tendencia cultural desde Francia hasta Rusia, Gran Bretaña, Italia, España y Escandinavia. En cada uno de estos países fue adoptado por una variedad de artistas con distintos planteamientos y habilidades, si bien todos ellos compartían el concepto de oponerse a determinadas tendencias artísticas contemporáneas y a retratar mensajes.

 

La visión tras el sermón

Normalmente clasificado como la primera pintura simbolista verdadera, versa en torno a la conciencia humana y los conflictos internos. Unas mujeres bretonas acaban de escuchar al cura pronunciar un sermón sobre el pasaje bíblico que explica que Jacob pasó una noche luchando con un ángel. Al amanecer, el ángel se rindió y bendijo a Jacob. Sobre un fondo rojo, los mundos real e imaginario (secular y espiritual) de las figuras y la visión quedan escindidos por un tronco de árbol en diagonal. La vaca representa la simplicidad de la vida rural en la Bretaña y a los campesinos devotos que viven en comunión con la tierra. El objetivo de Gauguin era recordar la espiritualidad a la sociedad consumista.

 

Revistas simbolistas

A medida que el simbolismo se difundió por Europa surgieron varias publicaciones que aclaraban sus ideales. La mayoría expresaba la antipatía de los simbolistas hacia el naturalismo, el academicismo, el realismo, el impresionismo y la industrialización, y se mostraban entusiasmadas con sus representaciones de ideas místicas y evocadoras. Escritas con intensa convicción y fervor, estas publicaciones inspiraron a otros artistas a seguir los preceptos simbolistas.

 No tengas nada en casa que no sea útil o te parezca bello.

William Morris

 La idea en síntesis:

Mensajes secretos y belleza en el arte

 

Impresionismo

Amapolas, Claude Monet, c. 1876 

Impresionismo (décadas de 1870 a 1890)

Fue un crítico quien usó por primera vez el calificativo «impresionistas», y lo hizo a modo de insulto para describir lo que se le antojaba un arte ultrajante expuesto por un grupo de pintores en París en 1874. Las ideas de estos artistas eran rebeldes, rompedoras, escandalosas. Plasmaban momentos efímeros de temas cotidianos a los que aplicaban escasos detalles, pinceladas evidentes y con frecuencia pinturas sin mezclar. A ojos de los espectadores contemporáneos, su arte se antojaba inacabado y absurdo.

Los impresionistas habían comenzado a reunirse y debatir sus ideas en la década de 1860, cuando, en su mayoría, eran alumnos de una de las dos escuelas de arte privadas de París: la Academia Suiza o el Estudio de Gleyre. Este colectivo heterogéneo incluía a Claude Monet (1840-1926), Camille Pissarro (1830-1903), Paul Cézanne (1839-1906), Alfred Sisley (1839-1899), Frederic Bazille (1841-1870), Berthe Morisot (1841-1895) y Auguste Renoir (1840-1919). A partir de 1862 empezaron a reunirse regularmente en el Café Guerbois, en el barrio parisiense de Batignolles, junto con Édouard Manet y otro puñado de artistas y escritores, para discutir sus vaticinios sobre el futuro del arte. La mayoría admiraba a Manet, quien ya causaba revuelo en los círculos artísticos, y también traslucía influencias de la escuela de Barbizon, Turner, Constable, el realismo y las nuevas teorías científicas y tecnologías.

 La invención de la fotografía, tanto por su técnica de tratamiento de la luz como por su ayuda práctica, tuvo una mayor influencia en ellos que en ningún artista previo. Las teorías del color científicas, la era industrial y los grabados japoneses aportaron nuevas dimensiones. A medida que el emperador Napoleón III modernizó París, la Académie des Beaux-Arts continuó dominando las artes en Francia. Sus oficiales, quienes imponían las reglas de los temas y estilos y organizaban el Salón y los concursos artísticos, no estaban acostumbrados a que sus principios se pusieran en tela de juicio. La escuela de Barbizon y los realistas se habían rebelado, y ahora aquel grupo de artistas los desafiaba. En 1863, Manet y Courbet presentaron pinturas al Salón, pero sus obras fueron rechazadas. Aquel mismo año, el jurado del Salón rechazó una cantidad inusitadamente elevada de obras. Napoleón declaró que el público debería juzgar las obras por sí mismo y se organizó el Salon des Refusés («Salón de los Rechazados»). Y pese a que muchos acudieron para mofarse, cuajó la idea de que el arte podía diferir de los estilos formales bendecidos y los artistas podían exhibir en otras salas, aparte del Salón.

 Sociedad anónima

Los artistas que se reunían en el Café Guerbois compartían filosofías sobre la pintura, si bien sus estilos diferían ampliamente. Todos reaccionaban contra las limitaciones de los estilos y temas académicos y abogaban por pintar al aire libre. Se inspiraban principalmente en la obra de Manet y el Salon des Refusés los estimuló a iniciar su propia sociedad independiente, al margen de la Academia. En 1873, Monet, Renoir, Pissarro y Sisley fundaron la Société Anonyme Coopérative des Artistes Peintres, Sculpteurs, Graveurs («Sociedad Anónima Cooperativa de Pintores, Escultores y Grabadores»), que acogió también a Cézanne, Morisot y Degas, entre otros, y organizó su primera exposición independiente en abril de 1874. Entre críticas cáusticas y mofas de los visitantes, el crítico Louis Leroy escribió una reseña sarcástica en la que la apodaba «la Exposición de los impresionistas», en alusión al lienzo de Monet Impresión, amanecer, y describía la obra como incompetente y vergonzante. No todos expusieron en todas las muestras, pero organizaron ocho exposiciones entre 1874 y 1886, y poco a poco la hostilidad hacia ellos fue desvaneciéndose y su obra acabó por aceptarse.

Teorías del color

Al margen de su disparidad de estilos y temas, todos los impresionistas pretendían modernizar el arte. Empezaron por refutar las convenciones, en la estela de Courbet y

Delacroix, y pintar con colores vivos, a menudo sin mezclar, y con pinceladas visibles, completando muchos lienzos al aire libre, centrándose en la luz cambiante y plasmando sus efectos efímeros. Junto con paisajes, bodegones y retratos, pintaron escenas de la vida moderna en las que resumieron los efectos visuales globales, en lugar de pintar detalles precisos. Estudiaron los efectos teatrales del ambiente y la luz en las personas y objetos y, mediante paletas variadas, intentaron reproducir dichos efectos sobre el lienzo. Muchos de sus tonos más oscuros surgían de mezclas de colores puros y apenas estaban diluidos. Y en gran parte sus ideas respondían a las teorías del color científicas recientes. A título de ejemplo, las sombras de colores, en lugar de grises, producían «vibraciones del color» o efectos relucientes generales. Ningún objeto se pintaba con un solo color plano. Los impresionistas yuxtaponían colores complementarios (colores opuestos en la rueda de color) para aportarles mayor luminosidad y, además del color local (el color aparente de un objeto), pintaban también el color reflejado (los colores que los objetos circundantes proyectaban en él).

En su mayoría, los artistas pintaban del natural, si bien sus estilos y temáticas diferían.

Así, Edgar Degas (1834-1917), por ejemplo, se consideraba impresionista pese a que rara vez pintaba paisajes, pero exponía con el grupo y siempre pintó al natural, inspirándose en la fotografía y los grabados japoneses. Todos los impresionistas persistieron en sus ideas innovadoras, desoyendo las hostilidades que tuvieron que soportar, y hacia la década de 1880 se los consideraba ya el principal grupo de artistas vanguardistas de Europa.

Arte sincero

Rechazando su formación académica, Monet y el resto de los impresionistas consideraron que su arte, con sus métodos objetivos de pintar lo que contemplaban ante ellos, era más sincero que el arte académico. Acordaron plasmar sus «sensaciones» o lo que veían mientras pintaban. Entre dichas sensaciones figuraban los efectos centelleantes de la luz que nuestros ojos captan al mirar. En contraste absoluto con la Academia, los impresionistas pintaron a personas modernas y corrientes en entornos cotidianos y actualizados, sin intentar camuflar sus técnicas pictóricas. Evitaron los símbolos y el contenido narrativo, que impedían a los espectadores «leer» un cuadro y, en su lugar, les permitieron experimentar sus pinturas como un momento aislado en el tiempo.

Grabados japoneses

En 1854, tras unos 250 años, Japón retomó el comercio con Occidente. Fraguó entonces una fascinación por todo lo japonés, sobre todo en Francia y principalmente entre muchos artistas y diseñadores. La moda surgió en París y, anonadados por los colores tan vivos y las composiciones originales de las estampas ukiyo-e, muchos impresionistas empezaron a coleccionarlas y a reflejar ideas japonesas en sus obras.

 Para un impresionista, pintar la naturaleza no es pintar el tema, sino materializar sensaciones.

Paul Cézanne

La idea en síntesis:

Plasmar momentos efímeros y luz con colores puros